Mientras mi cuerpo termina de hacer la digestión antes de irme al gimnasio, escribiré para mí lo que recuerdo del sábado por la noche, que fue divertido.

Me encontré de nuevo con la jovencita lesbiana con la que no hablamos de nada excepto música; decirnos que yo soy mejor que tú en lo que quieras; y lo que dé la partida de cartas mientras nos emborrachamos.

Llegamos a la disco-gay de siempre y ya empieza a perder gracia la broma de "a ver si te lías con un tío". Y se me escapa una mirada de las mías y la tía me dice que vale que lo siente.

Llegamos a la barra y nos encontramos a Meg Ryan.

Me enamoro. Y ella dice que está ahí emborrachándose para perder la vergüenza, que es muy tímida.

Me pregunta si mi amiga entiende a lo que le digo que sí pero que por dios me haga el favor de no ser lesbiana. A lo que contesta que recientemente ha descubierto que lo es, y que mi amiga jovencita lesbiana es monísima y que haría con ella lo que fusiese.

Me bebo mi cubata mientras las dos se regalan estupidas sonrisas precoitales. Y decido que al menos estás dos liarse se lían. Porque me utilizan a mí de telefonillo... "dile que es simpática... oye, que dice que te líes con ella..." y así.

Estas son las tonterías absurdas que me divierten. Encontrarme una noche cualquiera haciendo el imbécil entre desconocidos.

Meg me sonrie y dice que vayamos con sus amigos, que tiene un amigo muy majo que no es gay.

Vamos y me encuentro a David Duchovny (o como sea). Cuando nos saludamos nos damos la mano y nos brillan los ojos... y nos sonreimos como se sonríen dos sepias en medio de un desierto. Como buenos machotes nos damos la mano fuerte, nos decimos hola, y no nos hablamos nada. Porque somos así. Incluso guardamos las distancias, por si acaso.

Me escriben "tócame" en las mejillas con lápiz de ojos. Pero mi planta de "no me molan las discotecas" prevalece por encima de todo y nadie me pellizca un pelo. Yo sigo dándomelas de catalizador y escribo "bésame" en las mejillas de mi amiga. Y las dos se tontean con timidez. Vaya par.

Dicen de ir a otro sitio y vamos. A la amiga lesbiana la persigue por un lado una ex de su ex, que ya es lío, y todo el mundo la quiera pero sólo tiene ojos para Meg, que sólo tiene boca para decir que es que lo está dejando con su novio y que no quiere liarse hasta que formalmente corte.

David duchovny atrae tías que da gusto, y se pone a hablar con dos minifaldas con pendientes redondos y grandes. Yo iba a acercarme pero la lesbiana me pilla del cuello, me da un beso y me pide que baile con ella.

Yo no entiendo una mierda y un francés le pide a una francesa que nos haga fotos a los dos. A él y a mí. Y va y me abraza. Con las dos manos lo planto a un metro, y mientras me borro lo escrito con baba le digo que yo ni hablo francés ni estoy aquí para reconvertir mi sexualidad. La francesa sonríe y se pone a hacer fotos conmigo. Sabiendo lo fotogénico que soy, pongo cara de diplodocus a cada toma.

Nos hacemos cien fotos con todos y entre todos.

Se declara la hora de irse porque me duelen las rodillas y la jovencita lesbiana está agarrada a mí como si yo fuera un palo. Es su forma de espantar las moscas.

A la salida nos despedimos de todos, y la acompaño hasta medio camino de su casa. ¿no es tan machota? pues que ande sola como un campeón. Pero esto sólo lo pienso sin malicia y no le digo nada.

Pero algún día sí le diré que le huele el sobaquillo. Lo malo es que no sé cómo.