Ricitos y Cleopatra se complementan de maravilla. Una blanca, la otra negra. Una habla, la otra escucha. Una termina las frases diciendo "sí o no?", la otra no importa si se dejan a medio fin. Una dice que está loca, la otra se sienta al modo psicoprofesional en la silla.
Robo una patata.
Una habla de sexo, la otra de una niña. Una pone del revés la sonrisa del camarero, la otra mira.
No van a mear juntas.
No se hablan mal -en exceso- por la espalda.
No tienen remilgos.
Una cuando llega habla, la otra lee. Una se tapa, la otra se muestra. Una es un tronco, la otra ocho ramas. Una espera el metro de lejos, la otra va en bici. Una fuma, la otra tiene contactos aristocráticos. Una está satisfecha de su hobby, la otra sólo fue a por el título. Una sigue con la cerveza, la otra se pasa a la pepsilight.
Las dos se tapan la boca, a veces. Las dos tienen unos principios sin final. Las dos hablan de su papá con entusiasmo. Las dos no me prueban los platos. Las dos se llaman guapa mutuamente. Las dos no me aclaran cómo me van a llamar a partir de ahora.
A las dos les puede llegar a temblar la voz.
A las dos se les alegra la cara igual.

Meg Ryan (o como coño se escriba), David Duchovni, Russel, Ricitos, Cleopatra... qué amistades más extrañas tienes, coño.
MO.
Juani
Mo
Ni Meg ni David son amigos. Son encontronazos nocturnos cauales. Russel
es la fantasía erótica de Sarah.
Y ojo con Ricitos y Cleopatra que te dan mil vueltas, guapa.
Yo (tú?)
No.