El día 11 celebré mis tres meses de vida deportista.

La gente sólo me dice que estoy más delgado, y la verdad es que sigo igual que siempre. Pero ahora nado dos kilómetros de un tirón, corro ya cerca de los diez, y si un día estoy sin hacer nada de nada me siento raro.

Estoy acostumbrado a levantarme cada mañana con el cuerpo entumecido. Y a hacer siempre un poquito más que el día anterior, aun con resaca en el cuerpo.

Para mí, que siempre he sentido que mi mayor debilidad es la falta de constancia y jamás había encadenado tantos "día tras día", es como abofetear al incrédulo que hay en mí.

Todavía no pretendo nada, de momento sólo sigo huyendo.